E-reputación: ¡Big Brother es usted!
Big Brother, hoy día, es usted. De una cierta manera, hemos superado las anticipaciones más atrevidas. Y porque probablemente yo conozco mejor las marcas de cosméticos de su mujer leyendo su blog, que usted que vive con ella… La cuestión de la reputación digital debería plantearse un día. Hace algunos años, deseábamos proponer soluciones de gestión de la identidad digital, pero el mercado de los particulares no estaba preparado. La gente aún no se había dado cuenta de su “yo” digital. Los tiempos han cambiado. Mientras me estoy dirigiendo a usted, estamos recibiendo emails de personas asustadas que nos piden que suprimamos un mensaje de un foro, o una fotografía de un servidor, etc.. vemos así mismo como estas personas infelices que pronunciaron una palabra de más, un vídeo inapropiado, son asesinadas a golpes de blogs. Si para algunos el despertador es algo desagradable, para otros, la vida digital es una nueva manera de existir, un desdoblamiento de la personalidad, más exactamente una extensión de la personalidad. Extensión que impacta mucho a nuestras percepciones, nuestros juicios. Así pues, ¿ cuantas personas usurpan su imagen? ¿Cuántos a no asumir sus responsabilidades, ciertamente poco palpables por el filtro de la pantalla? ¿Y cuánto más se han vuelto locos de una exposición excesiva? En cualquier caso, la identidad digital se afirma ahora en todo y se forja derechos a su medida. Intentemos sacar de ello algo bello y útil, ya que la gran moralización y la aparición de los censores en Internet hace urgente BIEN hacer la pregunta de lo que es bueno o malo en el tratamiento de la información relativa a la persona, antes de que otros se lo planteen en nuestro lugar, en la urgencia y sin reflexionar. A todos, yo el primero, recuerdo, que detrás de la identidad digital existe (aún) una persona en carne y hueso, usted, yo. Con esta perspectiva creamos este servicio de gestión de e-reputación, (Wed Reputación ™) para que privilegie siempre lo que hace a la persona, lo que modela su reputación.
Campaña de denigración: Los modelos clásicos sobreviven
Los Grupos conocen dificultades para luchar contra las nuevas formas de campañas de denigración. Esto es porque por naturaleza son incapaces de emprender instantáneamente una lucha multicanal en un amplio territorio digital. Creer en la domesticación de una comunidad próxima a la marca es pura ingenuidad. Al contrario, contar con un determinado grado de espíritu crítico de distintas opiniones puede resultar igualmente peligroso. La grosería de ciertas manipulaciones es asombrosa, y por tanto, puede funciona perfectamente. La importante fluctuación, la velocidad y la masa de la información que debe tratarse en el caso de un ataque contra una marca o una persona obligan la activación, de común acuerdo, de una multitud de estructuras e individualidades especializadas en condiciones de responder, en ámbitos de intervenciones específicas y variadas, a los iniciadores de campañas utilizando la desinformación y la denigración para desestabilizar la víctima, comprometer una pérdida de volumen de negocios, etc… la agencia de comunicación, el gabinete de abogados, el gabinete de inteligencia económico (en el sentido real “información económica” y no de simple supervisión informática), ya no están en condiciones de encauzar solamente las acciones de manipulación y de ciber manipulación. Deberá privilegiarse la unión de todos esos actores con ingenieros e investigadores. El modelo apropiado: Se trata, a semejanza de los atacantes, de un conjunto de células de competencias y habilitaciones, intercomunicadas para actuar cada una localmente, de manera fuerte y rápida contra los autores de campañas de denigración. Por otra parte, la utilización de estructuras jurídicamente distintas para proteger a la víctima permite diluir los riesgos y complicar la premeditación del ataque. Es necesario acompañar este modelo con una cartografía “dinámica” de las fuentes potencialmente nocivas. La elección tratar o no una campaña es, más allá de la necesidad imperativa de actuar, el resultado de una confrontación entre las modelizaciones previas a las hostilidades por una parte, y la observación instantánea del desarrollo del sistema que opera la denigración por otra parte.